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Reglamentos


¿Existen reglamentos en Alcohólicos Anónimos?

La ausencia de reglamentos y disposiciones de carácter obligatorio es una de las cualidades más singulares de A.A., como grupo local y como una asociación de alcance mundial; no hay estatutos que digan que un miembro tiene que asistir a determinado número de reuniones durante cierto período de tiempo. Como es de suponer, la mayoría de los grupos tienen la tradición no escrita que cualquiera que siga bebiendo y que por su comportamiento interrumpe una reunión de A.A. tendrá que ausentarse de ella; la misma persona sin embargo, será bienvenida en cualquier momento en que sus acciones no causen molestias. En realidad, los demás miembros del grupo harán cuanto puedan por ayudarle si es que desea dejar de beber.


¿Quién dirige Alcohólicos Anónimos?

Alcohólicos Anónimos no tiene gerentes ni personal directivo con poderes o autoridad sobre los demás miembros de la sociedad. En Alcohólicos Anónimos no hay "gobierno", claro está que hasta en una organización de confianza hay que hacer cierta clase de trabajo. En los grupos locales por ejemplo, alguien tiene que atender a la consecución de un lugar adecuado para las reuniones; es necesario planear las reuniones y sus programas; se requiere proveer café y refrescos, que tanto contribuyen a hacer más agradable el ambiente durante las reuniones; muchos grupos también consideran conveniente asignarle a alguno la responsabilidad de mantener el contacto con el desarrollo nacional e internacional de Alcohólicos Anónimos.

Cuando un grupo local está recién organizado, algunos de sus miembros asumen voluntariamente la responsabilidad de actuar informalmente como servidores del grupo, tan pronto como se puede, esas responsabilidades van pasando por elección a otros miembros del grupo y por períodos de tiempo limitado. Un grupo típico de A.A., puede tener coordinador, secretario, tesorero, coordinador de programa y un representante de Servicios Generales que representa al grupo en las reuniones regionales. Los nuevos miembros que hayan pasado un tiempo razonable de sobriedad, son instados a que asuman parte de las responsabilidades del grupo.

Tanto en lo nacional como en lo internacional, hay también ciertas tareas específicas que llevar a cabo. Es necesario escribir circulares, imprimirlas y distribuirlas a los grupos o individuos que las soliciten, contestar las preguntas que se reciben de los grupos nuevos o ya establecidos, atender las solicitudes de información sobre los A.A. y su programa de recuperación del alcoholismo, informar a los médicos, miembros del clero, hombres de negocios y directores de instituciones. También es importante mantener relaciones con la prensa, la radio, el cine y otros medios de comunicación e información.

Para atender el sano desarrollo de A.A. los primeros miembros de la sociedad, junto con algunos amigos no alcohólicos, establecieron un consejo custodial. La Fundación Alcohólica, que se conoce ahora como la Junta de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos. Esta sirve de guardián de las Tradiciones de A.A. y de sus servicios generales, y además asume responsabilidad por las normas de servicio y la integridad de la Oficina de Servicios Generales de A.A. El lazo de unión entre los grupos de A.A. y la Junta de Servicios es la Conferencia de Servicios Generales de A.A. La Conferencia es exclusivamente una agencia de consultas y servicios y no tiene autoridad para reglamentar o gobernar a los miembros de A.A. Así, la respuesta a la pregunta de "¿Quién dirige a los A.A.?", es que la sociedad es una organización democrática, que no tiene gobierno central cuya organización formal se mantiene al mínimo.


¿Es A.A. una sociedad religiosa?

A.A. no es una sociedad religiosa, porque a sus miembros no se les exige ninguna creencia religiosa definida como condición para su ingreso. A pesar de que la asociación ha recibido la aprobación y el respaldo de muchos dirigentes religiosos, no está aliada con ninguna organización o secta. Entre sus miembros se incluyen católicos, protestantes, judíos y hasta unos cuantos que se consideren ateos o agnósticos. El programa de recuperación de A.A. tiene indudablemente como base la aceptación de ciertos valores espirituales. Cada miembro, como individuo, puede libremente interpretar esos valores como mejor le plazca, o ni siquiera pensar en ellos si así lo desea.

Antes de dirigirse a A.A., el alcohólico corriente ha llegado al convencimiento de que no puede controlar la bebida, el alcohol se ha convertido para él en algo superior a sus fuerzas y la asociación lo acepta en esas condiciones. A.A. sugiere que para lograr y conservar la sobriedad, el alcohólico necesita aceptar que existe un Poder Superior del cual debe depender. Algunos alcohólicos prefieren considerar que el grupo mismo de A.A. es su Poder Superior, mientras que otros aceptan diferentes conceptos de ese Poder. Pero la mayoría de los A.A. adoptan el concepto de Dios, tal como puede entenderlo el individuo mismo.

Algunos alcohólicos, cuando se dirigen por primera vez a la sociedad de Alcohólicos Anónimos, hacen ciertas salvedades definidas en cuanto a aceptar cualquier idea de la existencia de un Poder Superior a ellos. La experiencia ha demostrado que, si consideran las cosas en forma imparcial y continúan asistiendo a las reuniones del grupo, muy seguramente encontrarán una solución aceptable de ese problema que es netamente personal.


¿Por qué el Programa de A.A. no les da resultados a ciertas personas?

Esta pregunta la hacen a veces algunas personas que han visto a algún amigo o pariente ensayar el programa de A.A. y luego vuelven a beber.

La respuesta es que el programa de A.A. resulta eficaz sólo para quienes admiten que son alcohólicos, que sinceramente desean dejar el alcohol y que tienen siempre presente esa verdad como cosa principalmente importante. A.A. generalmente no resulta para el hombre o la mujer que tiene dudas con respecto a si es o no víctima del alcoholismo, o que se aferra a la ilusión de que podrá beber normalmente en el futuro. La mayoría de los médicos dicen que ningún alcohólico podrá jamás volver a beber normalmente. El alcohólico tiene que admitir y aceptar este principio cardinal. Además con esa admisión y aceptación debe existir el deseo de dejar la bebida.

Después de haber estado sobrios por algún tiempo en A.A. algunos se olvidan de que son alcohólicos, a pesar de lo que el diagnóstico implica. Su sobriedad les inspira un exceso de confianza en su fuerza de voluntad y resuelven experimentar de nuevo con el alcohol, los resultados de esos experimentos son totalmente negativos. El hábito de beber se vuelve progresivamente peor. A.A. persigue un objetivo primordial a pesar de que indirectamente puede ser responsable de otros beneficios.